En efecto, el candidato Peñalosa de ese entonces estaba respaldado frontalmente por el presidente Uribe, algo que rompía con la tradición colombiana de impedimento del presidente para intervenir en política. Pensaba yo que Uribe iba a tener demasiada injerencia en el ejecutivo local, algo que de todos modo tuvo en la contratación de las dos alcaldías del Polo, por la simple razón de que asignaba 70% del presupuesto de Transmilenio. Es que Nule no fue un accidente.
Ahora no estoy seguro si mi posición quedó validada en la práctica: podría ser que Peñalosa hubiera sido peor alcalde que Moreno si Uribe hubiera impuesto, por ejemplo, su política de seguridad en la capital, con todos los excesos catastróficos que se han venido descubriendo. Acá la lógica contrafactual contribuye a entender las alternativas que tenía enfrente de sí la ciudadanía, pero no puede informar si en verdad la alcaldía de Moreno fue tan mala como la sentimos muchos y si la alternativa hubiera podido ser peor.
En alguna reunión en que coincidimos después de su victoria, Moreno se me acercó y me dijo efusivo “ganamos”, a lo cual yo le contesté parcamente “ganaste”. El Polo demostró su miopía moral al combinarse con sectores políticos y propios que son clientelistas y corruptos. El discurso radical de algunos de sus mejores exponentes, estoy pensando en el senador Jorge Robledo, estaba desasociado de las prácticas de Jaime Dussán o de Iván Moreno; los que se atrevieron a criticar la corrupción desatada en Bogotá fueron separados o tuvieron que irse del Polo.
Ahora dentro del Partido Verde Peñalosa se ha venido perfilando como candidato a la Alcaldía de Bogotá. A Peñalosa le ha parecido bien recibir el aval de Álvaro Uribe —me siento honrado, dijo, de que lo apoyara el expresidente—, algo que choca con los fundamentos programáticos del nuevo partido y que le valió el respaldo de 3,5 millones de ciudadanos en las urnas.
Creo que Peñalosa, la posición tan de derecha de Peñalosa le impide al PV acercarse a sectores progresistas del espectro político nacional como Petro o De Roux. Me parece monotemático en su oposición al auto privado y que no tiene una visión de largo plazo para la ciudad. Ésta requiere de un sistema integrado de metro, buses articulados, autopistas urbanas y parqueaderos. Ninguna ciudad tan grande y moderna funciona en el mundo sin este tipo de sistema. El Transmilenio en la mayoría de sus rutas se ve frenado por cruces y semáforos que lo hacen un medio de transporte ineficiente. Por lo demás, las losas quebradas son una pesadilla interminable y un costo creciente del sistema.
Mockus le ha salido al paso a una posible alianza entre el Partido Verde y el uribismo y ha sugerido que será imposible mantener su unidad si Peñalosa sigue en la dirección anunciada. Mockus mismo está dispuesto a competir por la candidatura del PV a la Alcaldía hacia un tercer término. Creo que hay otros problemas como que el nuevo partido no ha hecho propuestas programáticas al electorado ni ha decidido organizar movilizaciones ciudadanas para restringirse al terreno electoral. Desperdicia así la gran atracción que ejerció sobre la juventud en las pasadas elecciones.
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