Salomon Kalmanovitz
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El presidente Uribe y Bush
9 Noviembre 2008 - El Espectador

 
EL NORTE DE LA POLÍTICA ECONÓmica y regulatoria (o su carencia) del presidente Uribe se orientó por la filosofía (¿) de George W. Bush.
Salomon Kalmanovitz
 

La idea de que reduciendo impuestos a los ricos se aumenta el recaudo tributario fue propuesta por Arthur Laffer, quien afirmó que el estímulo a la inversión provisto por la descarga tributaria conduciría a un aumento de la actividad y de los impuestos que la acompañan. Tal reacción es posible pero sólo en la parte alta del ciclo económico, pues en condiciones medias o recesivas se termina reduciendo el recaudo tributario.

El hecho es que Bush recibió un superávit fiscal de Clinton muy cuantioso que dilapidó para entrar en el terreno de un déficit estructural que se profundizó con el inicio de la recesión norteamericana y que hoy se acerca a 4% del PIB. Los menores ingresos no fueron obstáculo para que el gobierno se metiera en el pantano de dos guerras lejanas y costosas, en Irak y en Afganistan, que le cuestan US$700.000 millones al año, equivalente al 0.5% del PIB.

El presidente Uribe siguió las consejas republicanas y redujo impuestos a los ricos, esperando que aumentara la inversión y con ella el recaudo, algo que dejó de ocurrir, porque se saturó la economía, la crisis financiera aumentó el riesgo país y los capitales dejaron de sentirse atraídos y, por el contrario, están saliendo en estampida. El déficit del gobierno se alcanzó a reducir levemente en los años en que crecimos al 7 y al 8% pero no bajó del 3,4% del PIB y ahora se espera un fuerte aumento del faltante, con unos gastos bélicos disparados. Ambos presidentes utilizaron el terrorismo para hacerse reelegir: el miedo a Bin Laden en USA y a las Farc en nuestro caso.

Otro ejemplo que siguió nuestro presidente de Bush fue el debilitamiento de la función regulatoria del Estado en todos sus frentes y la incompetencia con que fue dirigido, en desafío a los técnicos e intelectuales que ambos mandatarios desprecian, a favor del hombre común y religioso. La fenomenal incompetencia en la regulación financiera propició la más grande crisis de crédito que ha vivido el mundo desde 1929. El ferviente evangelismo cristiano en que se apoyaran los republicanos en USA fue sustituido por el calculador Opus Dei en Colombia.

En el caso colombiano las cosas no tuvieron consecuencias globales pero sí aterradoras: se desmontó la justicia al liquidar su ministerio y se presionó indebidamente a los magistrados; la regulación del medio ambiente desapareció a favor de los deforestadores; el Ministerio de Agricultura propició la carestía a favor de la renta del suelo: el Incoder tituló tierras y entregó créditos a connotados narcoparamilitares; el Ministerio de Transporte no hizo una sola obra importante en 6 años; se le entregó al crimen organizado segmentos enteros de la policía secreta y de la Fiscalía; el Ministerio de Hacienda se politizó, se debilitó Planeación Nacional como ente técnico y se presionó al Banco de la República para acomodar una inflación más alta. Hasta la seguridad democrática, que fuera la política de mostrar hasta hace poco, se ha revelado atravesada por incentivos macabros.

Todo lo anterior resultó muy costoso para las clases medias y bajas que pagamos impuestos por retención en la fuente o por el IVA. En fin, al país le aplica bien el título de la novela de Antonio Caballero: Sin remedio.


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