Salomon Kalmanovitz
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El crecimiento en 2011
25 de diciembre de 2011 - El Espectador

 

Los resultados del tercer trimestre de 2011 para la economía colombiana fueron positivos.
Salomon Kalmanovitz
 

El PIB total creció 7,7%, impulsado por la minería y la construcción, que aumentaron más de 18% frente al mismo período del año anterior. La agricultura creció menos, 3,8%, y la industria 5,2%, favorecidas de todos modos por una relativa estabilización del déficit externo durante el trimestre, reflejo a su vez de la disminución del déficit fiscal.

Se trata de un guarismo raramente visto en la historia del país y tiene que ver con un aumento del ahorro interno, vía el mayor recaudo en que se ha empeñado la DIAN y, al mismo tiempo, una inversión pública que comenzó a recuperarse de los niveles bajos que arrastró la corrupción desenfrenada del pasado. De esta manera, aumenta el potencial de crecimiento de la economía, algo que se aceleraría si se da un reforma tributaria estructural que favorezca el empleo con la eliminación o reducción de tantos parafiscales que castigan el trabajo; el mayor recaudo serviría también para financiar sanamente la inversión en infraestructura, cuyas falencias constituyen un freno apreciable para el desarrollo económico. Otra parte sustancial de la inversión, sin embargo, debería surgir de los propios contratistas para que asuman los riesgos y terminen pronto las obras.

La inversión extranjera alcanzará 13.000 millones de dólares a final del año (4,3% del PIB) y la construcción de hoteles, oficinas y bodegas más otros servicios responden a su demanda. El impacto revaluatorio de estas llegadas de capital fue debilitado hacia noviembre por la tensión de los mercados en torno a una crisis financiera de enormes proporciones que cuelga ominosa sobre el futuro de Europa y del mundo. En tales circunstancias, el dólar se torna en el refugio natural de todos los capitales y se fortalece contra todas las otras monedas, incluyendo la colombiana. Las exportaciones e importaciones crecieron al mismo ritmo durante el trimestre, o sea que no hubo una apropiación de una mayor parte del mercado interno por las importaciones, algo que se debió profundizar en los dos últimos meses del año con la devaluación que tuvo el peso colombiano, que pasó de $1.750 por dólar a $1.950 en diciembre.

El auge económico de Colombia y de América Latina está estrechamente relacionado con la demanda de China por materias primas. Varios observadores, entre ellos Paul Krugman, aducen que a pesar de la inconsistencia de las estadísticas chinas, hay evidencia de una burbuja inmobiliaria que, de estallar, arrastraría una crisis financiera de grandes proporciones y haría colapsar el crecimiento de la nueva gran potencia de Oriente. Si eso sucede, caerían los precios del petróleo, del carbón y de los alimentos, dando al traste también con nuestro crecimiento, tan sesgado en la producción de esos bienes. Al mismo tiempo, la economía norteamericana se viene recuperando más de lo esperado, aunque con un frágil crecimiento del 2% anual y con un desempleo del 8,6% de su fuerza de trabajo (el gobierno de Santos se ufana de nuestro 9% en octubre sin contar el subempleo).

Entonces no nos debemos sentir tan confiados con nuestros logros económicos, porque caminamos sobre el filo de la navaja: una crisis financiera que tiene a Europa postrada sin salida a la vista, la posibilidad de un crash inmobiliario y bancario en la China y un crecimiento demasiado lento de la economía de Estados Unidos. 


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