Para el DANE, los vendedores y los limpia parabrisas que se apostan en los semáforos aparecen como empleados, al igual que cientos de personas en otros oficios mal pagos, de tiempo parcial y que no reciben ninguna protección social. Más del 55% de la fuerza laboral colombiana yace en la informalidad, así que los datos de desempleo subvaloran esta realidad.
Lo que hay que destacar en los resultados de diciembre, en especial, es que aumentó la tasa de participación global en 1’500.000 personas que salieron al rebusque, por comparación con hace un año, resultado de un deterioro de la actividad económica y de la reducción de la demanda por trabajo, y eso que diciembre es el mes de más alto empleo del año.
La tasa de desempleo tuvo un aumento de 0,7%, que son 235.000 personas adicionales en penuria total. Destacan varias ciudades cercanas al 20% de desempleo como Pereira, Armenia, Popayán, Pasto y Quibdó, sugiriendo situaciones particularmente calamitosas de caída de las remesas, colapso cafetero y bajas en el comercio con Ecuador. Una de las ciudades en que más aumentó el desempleo fue Bogotá: de 9,2% de la fuerza laboral en diciembre de 2008 a 11% en el mismo mes de 2009, aumento de 1,8% contra el 0,7% mencionado para el total nacional. La pérdida de las exportaciones de flores y las destinadas a Venezuela han golpeado a la capital, al igual que el estancamiento de las obras de Transmilenio.
La política de empleo del Gobierno en obras públicas es beneficiar unos contratistas peculiarmente incumplidos que acusan enormes retrasos o se les ha declarado la caducidad de sus contratos en todo el país. El financiamiento externo de su déficit ha causado además una revaluación adicional del peso que ha deteriorado el empleo de los sectores de exportación.
Las políticas públicas han sido, además de caraduras, castigadoras del empleo al aumentar los parafiscales y no considerar quitar los más atrabiliarios, que reducirían el costo de emplear un obrero en el sector formal en un 9%. Se abarataron las horas extras y las nocturnas pero eso no tuvo una respuesta contundente de parte de los empresarios, aunque sí hubo una extensión de la jornada dominical por parte de muchos comercios.
Mientras se encarecía el costo de contratar mano de obra, se abarataba el precio del capital con recursos que pagamos todos los contribuyentes. En efecto, 30% de cualquier bien de capital o máquina está exento gracias a las prebendas concedidas por la administración Uribe y eso ha inducido a que muchos procedimientos se automaticen a costa del empleo. La señora de los tintos se ha acabado en muchas empresas que colocaron máquinas dispensadoras de café y de comidas o la vigilancia con cámaras ha ahorrados miles de guachimanes.
Hay otras razones de más largo aliento para que el desempleo sea tan alto en el país, como la falta de una política de Estado sobre población que impidió la educación de la población en su planificación familiar, lo que permite todavía tasas de fecundidad muy altas entre la población más pobre que reproduce su miseria de manera amplificada.
En todo caso, Colombia presenta una de las tasas de desempleo y de informalidad más elevadas de América Latina. Lo peor es que esta administración, que aspira a repetirse por tercera vez, no siente la más mínima preocupación por el problema del empleo.
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