Salomon Kalmanovitz
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El legado hispánico y el desarrollo económico
29 de noviembre 2009 - El Espectador

 
Varios historiadores económicos anglosajones como Engerman y Sokoloff han mostrado que la desigualdad en la tenencia de la tierra y la ausencia de gasto en educación en la América conquistada por España llevaron a perpetuar una de las sociedades más desiguales en el mundo.
Salomon Kalmanovitz
 

Acemoglu, Johnson y Robinson han caracterizado al régimen colonial español como extractivo y excluyente, marcando la ruta histórica de largo plazo y produciendo una reversión de fortuna en un continente que fue considerado El Dorado cuando se conquistó. Han revivido la leyenda negra de la conquista española con la hecatombe demográfica que produjo pero añadiéndole desigualdad y fracaso económico.

Leandro Prados y Rafael Dobado, por su parte, han intentado construir lo que llamaría una leyenda rosa de la España borbónica que, con sus políticas económicas racionalistas, contribuyó a obtener un crecimiento alto durante la segunda mitad del siglo XVIII hasta que llegó la Independencia. El orden político estable y la conformación de una zona de libre comercio estaba conduciendo a un progreso notable para la época.

Los salarios de los mineros y otros sectores independientes latinoamericanos llegaron a ser muy altos, mientras que las políticas de protección a las tierras de los indígenas mantuvieron a raya a los criollos que aspiraban a concentrarlas, de acuerdo con Dobado. Estos dos hechos estarían revelando que la desigualdad no era tan alta antes de la Independencia. Prados afirma que aunque el crecimiento se frenó momentáneamente con las guerras y el desorden político que se inicia a partir de 1808, se recuperaría después de 1860.

Una visión quizá más aguda la proveen North y Weinsgat al distinguir que las instituciones legadas por España fueron absolutistas, mientras que las colonias del norte recibían el legado de la revolución democrático burguesa que diseminó la Inglaterra cromwelliana. De esta manera, el legado hispánico sería el de los monopolios sobre la producción (estancos y cesiones excluyente a gremios y personas), monopolio religioso y exclusión de la propiedad y de la política para el grueso de la población.

Los historiadores españoles tienen razón en que la República aumentó de manera notable la desigualdad, aunque abolió el sistema de castas y su sistema de prueba de pureza de sangre para acceder al tope social. Las tierras indígenas fueron liberadas y adquiridas por terratenientes en su mayoría, mientras que los baldíos eran rematados para financiar el enclenque Estado republicano.

Lo cierto es que fue difícil construir democracias liberales con los cimientos legados por España. La inestabilidad política que siguió a la Independencia reflejó la interiorización de su legado en las sociedades nacionales por los partidos conservadores y la Iglesia. El raquitismo de la burguesía criolla le restó fuerza en Colombia y en otros países para instaurar un sistema liberal en la política y para que entrara decisivamente a la globalización, lo que se hizo sólo después de 1905 con el café. No hubo compromiso para educar a la población hasta el Frente Nacional (1958). Persistieron los privilegios de los terratenientes que consideran su propiedad como “merced”, por lo que no tienen que pagar impuestos.

Queda en pie entonces una leyenda morada: el absolutismo, como el pecado original que nos transmitió España, y que ha incidido en que tengamos poca democracia política, mucha desigualdad y un desarrollo económico mediocre, aunque la responsabilidad es nuestra desde 1819.


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