Una combinación de derechos de propiedad inadecuadamente definidos, posiciones dominantes de empresas y grupos financieros e instituciones públicas que carecen de independencia para proteger los intereses de todos los agentes, ha conducido a que los inversionistas no confíen demasiado en los emisores de acciones o deuda.
También sucede que los propietarios evitan atraer nuevo capital para sus empresas, temiendo problemas futuros, como que se les cuelen elementos criminales en sus juntas directivas. Es muy débil, en especial la defensa de los accionistas minoritarios dentro de la legislación colombiana, lo cual se ha prestado a abusos y a desmotivar la adquisición de acciones por parte del público.
Hay que señalar que en el pasado muchas empresas lograron vender públicamente sus acciones, pero con el trascurso del tiempo y el reparto de dividendos muy bajos se perdió la tradición. Entonces las firmas recurrieron a sus utilidades retenidas y al crédito para poder expandirse, sin contar con el apalancamiento extraordinario que es posible cuando existen mercados profundos de capital. La consecuencia es que el crecimiento de las empresas y de la economía es inferior al potencial.
En su parte de renta fija —con instrumentos como los bonos públicos y privados y los depósitos a término— el país logró un avance sustancial cuando la inflación se metió por debajo del 10%, algo que sólo se logró hace poco más de una década. La inflación nubla el futuro y eso es fatal para poder prever la tasa de interés de manera confiable, de tal modo que la única forma de estructurar bonos es mediante una fórmula de valor constante, la cual confunde en las mentes de los deudores la inflación con los intereses y que se sientan maltratados.
Según Ana María Prieto y Carlos Alberto Sandoval, “entre 2007 y 2009 el volumen transado tanto en el mercado de acciones como de renta fija creció en más del 100% y el número de operaciones anuales sumaron 5 millones, lo que significa un aumento de 24% en el mismo período. Se estima que los procesos de democratización de ISA, Ecopetrol e Isagén trajeron al mercado 500 mil nuevos inversionistas”. Aun así, el mercado es muy limitado, las acciones son consideradas ilíquidas o sea que no es fácil venderlas y el mercado colombiano se muestra muy rezagado frente al mundo e incluso América Latina, que presenta problemas similares surgidos de una herencia histórica común de monopolios públicos y privados, y de escaso imperio de la ley.
Los mercados de bonos colocados por emisores privados no se han desarrollado suficientemente, debido a los altos costos de emisión y a la falta de economías de escala que hacen que las tasas de interés con que se emiten sean muy altas y los plazos cortos. El acervo de bonos corporativos representa en Colombia el 6% del PIB, mientras que en países como Chile equivale al 86%.
La comparación con Chile demuestra que el legado histórico se puede superar si se logran establecer instituciones sólidas e independientes que protejan los derechos de todos los agentes, que se incremente la competencia y que se reduzcan los costos de transacción de mercados tan fundamentales como el de capital y, en especial, el de valores.
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