Salomon Kalmanovitz
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Es que por eso le digo
29 Marzo 2009 - El Espectador

 
LA ECONOMÍA COLOMBIANA PASÓ DE crecer al 7,5% en 2007 a un magro 2,5% en 2008.
Salomon Kalmanovitz
 

El PIB cayó francamente en el cuarto trimestre del año pasado un -0,7%, arrastrado por la industria (-8%) y la construcción (-8%). El resultado del sector agropecuario, tan brillantemente pilotado por Andrés Arias, fue de -0,6% para el mismo trimestre y bajó más de un punto su crecimiento anual con respecto a 2007.

Los únicos sectores que crecieron durante el último trimestre de 2008 fueron el financiero (4,0%), que simplemente intermedia el ahorro y la inversión, y la minería (6,8%) con el impulso de su inversión provisto por los altos precios de 2007 y la primera mitad de 2008. El carbón, por su parte, la gran ilusión del Gobierno, desaceleró su crecimiento durante el año de 6,3% en 2007 a 4,8% en 2008.

Acá hemos acusado la política fiscal de ser procíclica, neciamente expansiva en el auge y torpemente contractiva cuando la economía entraba en recesión. Las cifras del DANE lo confirman: para el año 2008, la obras civiles o públicas cayeron 7,1%, por lo cual felicitamos con un ¡bravo! al atornillado ministro de Transporte; para el último trimestre del año las obras civiles caen otro 2,9% adicional, comparado con el trimestre inmediatamente anterior. En vez de invertir, invertir, invertir, no se hace nada.

Desde el punto de vista de la demanda, el comercio exterior fue contractivo: las exportaciones crecieron 8,1% durante el año pero las importaciones lo hicieron al 10,1%, o sea que buena parte de la oferta final fue provista desde el exterior. Una serie mensual de las exportaciones muestra que el mes de julio fue el punto de inflexión, a partir del cual los precios de nuestros bienes caen calamitosamente y los ingresos se resienten. Ya desde febrero, el recorte de las exportaciones del sector automotriz a Venezuela había tenido amplias repercusiones en metalurgia, autopartes y otros materiales.

Tengo la impresión de que el dato de exportaciones del último trimestre que ofrece el DANE, de un crecimiento de 6,3%, es contrario a la caída observada en dólares, aunque la devaluación del peso compensa en algo el deterioro de los precios internacionales. Pero las cuentas nacionales deben medir la producción física, y la que corresponde a las exportaciones no tradicionales, que todavía son mayoritarias en el total, se han deteriorado.

Los datos del último trimestre confirman la tendencia contractiva de la economía con un consumo anémico (crece sólo 1,3%) y una franca caída de la inversión. La “confianza inversionista” es desafortunadamente cíclica: no depende de gabelas repartidas a dedo sino de las perspectivas de rentabilidad que ofrezca la economía local. La realidad es que todos los negocios se encuentran sobredimensionados frente a una demanda que se contrae al ritmo de la baja de las exportaciones y de la reducción de la inversión extranjera.

El Gobierno apareció gris adelantándose a las malas noticias. Volvieron a balbucear que habrá inversiones por 55 billones, la mayor parte del sector privado, como si éste estuviera también bajo el comando presidencial y no estuviera en caída libre. Repitieron que hay crédito para mejorar vivienda de interés social, donde, si acaso, habría autoempleo de sus propietarios. En fin, los altos funcionarios lucían asustados, desorientados y perplejos.


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