Salomon Kalmanovitz
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[COLUMNAS]
 
Escondiendo la cabeza
22 Febrero 2009 - El Espectador

 
LOS FUNCIONARIOS DEL GOBIERNO están empeñados en afirmar que la economía colombiana va maravillosamente. El Ministro de Hacienda dijo que el mes de enero tuvo unos destellos sobresalientes.
Salomon Kalmanovitz
 

El de comercio, por su parte, se maravilló con los datos sobre las exportaciones que entre enero y noviembre de 2008, comparados con el mismo período de 2007, aumentaron 29,3 por ciento. Lo que no quiso conocer el Ministro o darlo a conocer al público es que para el onceavo mes del año las exportaciones totales disminuyeron 27,2 por ciento, lo cual muestra una perturbadora tendencia hacia futuro.

Yo no quiero hacer de Casandra ni que se me acuse de instigar el pánico económico que, como explicó el ministro Óscar Iván Zuluaga, se constituye en delito con pena de cárcel de entre 2 y 8 años. ¡Qué horror!

Pero la situación de Colombia se va a tornar muy delicada, primero porque esta es una crisis de envergadura similar a la Gran Depresión de 1930, y segundo, porque el Gobierno no tiene un equipo con la experticia para pensar políticas que enfrenten la crisis; está más lejos aún de ejecutar las políticas que pudieran, de algún modo, protegerla de la creciente marea que va apareciendo en nuestras fronteras.

En su columna del 20 de febrero pasado, Paul Krugman cita las minutas de la última reunión de la Reserva Federal y la perspectiva es alarmante: “Algunos participantes indicaron que se requerirían entre 5 y 6 años para que la economía norteamericana convergiera hacia una senda de largo plazo, caracterizada por tasas sostenibles de crecimiento y de desempleo y por una apropiada tasa inflacionaria”.

En el último trimestre de 2008, las importaciones de Estados Unidos cayeron 18% y no se entiende por qué la economía colombiana va a seguir blindada contra una contracción cada vez más virulenta del más importante mercado con que cuenta el país. Las noticias del Ecuador son peores: una economía raquítica y dolarizada tiene que recurrir a medidas administrativas para proteger su balanza de pagos, por lo cual Colombia pierde 450 millones de dólares de exportaciones. Venezuela está caminando sobre el filo de la navaja de la devaluación y el colapso de su gasto público. La inversión extranjera se retrotrae y al Presidente le da una pataleta; les pide entonces infructuosamente a los chinos y a los brasileños que vengan a invertir en Colombia. Se resquebraja así una de las patas de su modelo, que solía ser la “confianza inversionista”.

Es cierto que el sector financiero colombiano está bien, escarmentado por la crisis de 1998, que quebró a los bancos más débiles y consolidó a los más poderosos. Incluso, diciembre de 2008 fue un mes bueno para los comerciantes, pero ahora se percatan de que las ventas se mueven cada vez menos. Lo que está mal es el balance del Gobierno que mostraba déficit cuando crecíamos al 8% y va a quedar en los rines con la contracción que experimentaremos en 2009.

¿Qué hay que hacer? En mi humilde opinión, el Presidente debe hacer un cambio de gabinete con los mejores hombres de que dispone el país, sin referencia partidista. Gabinete meritocrático, comenzando con Hacienda, Comercio, (in)Seguridad Social y, por favor, Transporte. Un canciller con experiencia que entienda que el mundo de Obama es distinto al de Bush. Y, sobre todo, que el Presidente deje de dividir al país y procure, por el contrario, unirlo.


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