Salomon Kalmanovitz
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Indecencia
20 de septiembre 2009 - El Espectador

 
Ni el Gobierno ni su bancada tienen el menor recato sobre impedimentos y de situaciones de riesgo moral en que incurren sistemáticamente. Para comenzar, el presidente Uribe no debió firmar una ley impulsada por sus ministros y su facción en el Congreso que organiza un referendo que busca perpetuarlo. Una forma de simular sería que el Vicepresidente la firmara, lo cual no fue siquiera necesario.
Salomon Kalmanovitz
 

El Presidente debió obedecer la Constitución que había jurado defender y no cambiarla para beneficiarse, como lo hizo en 2005. La Corte Constitucional renegó de su función fundamental en ese momento, cual era impedir que se cambiara la Carta, permitiendo la enorme concentración de poder que tiene hoy Álvaro Uribe en sus manos. En otras palabras, avaló el desajuste entre los poderes públicos. ¿Reincidirá la Corte?

No tiene presentación en una democracia liberal estar cambiando el voto de los congresistas con los recursos que aportamos los contribuyentes. Es un claro desvío del presupuesto para satisfacer intereses de facción, en contra del bien común. Los recursos públicos son sagrados: deben ser invertidos según las prioridades de la sociedad. Y es abusiva y descarada la propuesta de quitarle el derecho al voto al que se abstuvo en el pasado para facilitar la aprobación del referendo por el electorado así arbitrariamente disminuido.

Tampoco pueden los congresistas negar el impedimento de un colega porque éste subsiste sin importar que voten o no voten al respecto. La moral obviamente no se legisla.

El Ministro del Interior y de Justicia no debe ejercer a la sombra de los delitos de su hermano pues cabe la duda de si lo está favoreciendo. Menos tiene cara el que un ministro tan comprometido estuviera comprando mayorías en el Congreso. La concentración de poder produce cada vez más poder, como lo manifiesta el transfuguismo de los políticos hacia las toldas uribistas.

El DAS es un organismo de policía secreta que depende de la Presidencia; por lo tanto, es grave su responsabilidad al permitir la captura del ente por personas cuestionables, que espíe e intimide a la oposición y a la Corte Suprema de Justicia. En Estados Unidos el presidente Nixon cayó por un delito mucho menor: espiar la convención de la oposición. Allá, la división de poderes y la mayoría demócrata en el Congreso precipitaron la renuncia del presidente. Acá, el maridaje entre los poderes permite una impunidad completa para el Ejecutivo. Para cerrar el círculo, la Fiscalía renguea frente a los casos de los tres ex directores del DAS comprometidos con crímenes políticos y con las escuchas ilegales.

Los hijos del Presidente, que se beneficiaron por las decisiones de los ministros de su padre, no han liquidado que se sepa los negocios que lograron establecer a su sombra. Una vez descubiertos por algunos medios, otros más poderosos les ofrecieron plataforma para que aparecieran como jóvenes emprendedores. Los medios de comunicación subordinados contribuyen a que el Ejecutivo actúe arbitrariamente y a encubrir la corrupción de sus funcionarios.

En fin, el Gobierno y sus partidos escapan a todo control político y social, mientras que sus integrantes no son ningunos adalides de la moral; por eso, no les queda un ápice de decencia ni de pudor. Debemos, en consecuencia, promover una concientización del mayor número posible de ciudadanos para que entiendan los males que se derivarían de votar por el referendo reeleccionista.Comparte con esa escuela la noción de que la política monetaria debe ser contracíclica: expansiva cuando la economía funciona por debajo de su potencial de crecimiento y contractiva si se da el recalentamiento de la actividad económica, manifiesto en el incremento de la inflación.

En Colombia el Banco de la República comenzó a implementar este régimen hacia 1996, después de haber invitado a Ben Bernanke, uno de los teóricos que desarrollaron la propuesta, a un seminario en Cartagena. Hubo que crear y ordenar el mercado interbancario, que es donde la autoridad monetaria fija su tasa de interés que le permite anunciar su postura expansiva o contractiva y lo interviene para que, en efecto, los préstamos de muy corto plazo entre los bancos se transen a la tasa anunciada.

La tasa de interés de referencia del banco central se transmite con rezago al resto de tasas de la economía de manera irregular e incompleta, de tal modo que el sistema no es contundente ni preciso para obtener la meta de inflación que se preanuncia en un horizonte de dos años. Dentro de esas limitaciones el régimen inflación objetivo ha probado ser útil y conveniente, porque permite que los ciclos económicos se suavicen y se puedan prolongar las fases de crecimiento económico.

Para que funcione mejor la política monetaria es indispensable que se coordine con la política fiscal del Gobierno. El gasto público debe reducirse durante las bonanzas y ampliarse en las recesiones. Sin embargo, la administración Uribe fue especialmente voraz durante el auge, contribuyendo a la inflación y a la revaluación del peso y obligando al Banco de la República a endurecer su política más de la cuenta.

Por esa razón la junta directiva del Banco de la República no ha logrado obtener las metas de inflación anunciadas y se le ha dado por cambiarlas para ver si así sí le pega. Es como jugando a que la inflación a fin de año es un blanco móvil, lo que le quita más credibilidad que si simplemente acepta que la meta no se logró y que hacia el futuro buscará cumplirla.

La meta de 2007 y 2008 estaba en 4% y para anunciar una postura más expansiva la junta la subió a 4,5% para 2009. Ahora la inflación tiende hacia 3% y la autoridad monetaria parece inclinarse por aprovechar la ocasión de reducir la inflación de largo plazo. En todo caso no ha querido hacer la expansión monetaria necesaria para lograr la meta.

El Gobierno al mismo tiempo anunció que su déficit fiscal de 2009 será del 4% del PIB y no 3,7% como había proyectado inicialmente, al caer el recaudo sobre la base de un crecimiento menor al ilusionado. El financiamiento será con la emisión de TES por 24 billones de pesos y de deuda externa por 11 billones (5,5 billones de dólares). Ahora es claro que devolver impuestos a las empresas fue una política equivocada.

No es buena idea tampoco financiar la tronera fiscal con dólares que revaluarán la tasa de cambio, lo cual es contractivo y agudizará la recesión. El Banco de la República puede actuar expandiendo la liquidez mediante fuertes compras de TES —algo que el propio Gobierno parece no entender— y reducir su tasa de interés para que se vuelva serio en el cumplimiento de sus metas.


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