Salomon Kalmanovitz
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Jorge Isaacs, Darwin y Caro
16 Febrero 2009 - El Espectador

 
EN 1884 JORGE ISAACS PUBLICÓ sus notas sobre una expedición geográfica por los hoy departamentos del Magdalena, La Guajira y Cesar que llamó Informe sobre las tribus indígenas del Magdalena, en las que observó sus costumbres con curiosidad y simpatía.
Salomon Kalmanovitz
 

También anotó la existencia de la mina de El Cerrejón. Isaacs criticaba el descuido con que el obispado mantenía a las tribus y lo que afirmaban unos sacerdotes españoles, a saber, que el apóstol San Bartolomé había estado por estas tierras (cerca al año 10 d.C.) catequizando a los aborígenes, tal como lo representaba la figura muisca de Bochica, que Santo Tomás había estado en Brasil y también en Colombia, lo que se evidenciaba con el atuendo de los arahuacos, quienes portaban túnicas parecidas a las de los apóstoles de Cristo.

En su informe, Isaacs menciona a Darwin en dos ocasiones: la primera, al decir “los partidarios de la teoría darwiniana podríamos suponer (que una de las figuras encontradas), mitad simia y de rostro muy raro, es representación de la forma que tuvo el animal, terrible como se ve, que precedió el hombre en la escala de perfeccionamiento”; la segunda lo asocia con pictografías al parecer de elefantes que debieron extinguirse miles de años antes.

Miguel Antonio Caro levantó una enorme estampida contra el informe de Isaacs: “La hipótesis darwiniana no tiene fundamento histórico ni aún fuerza de analogía histórica de ninguna especie. El supuesto paso del mono al hombre no se ha verificado en ningún tiempo ni región; los hombres han sido hombres siempre y los monos jamás han engendrado hombre, ni homúnculo, ni semihombre ninguno”. Pasa entonces a su usual ataque a la persona: “La teoría darwiniana es una de aquellas aberraciones propias de un especialista maniático”. Mientras que la inteligencia y el espíritu abierto de Isaacs lo llevaron a simpatizar con esta teoría —miles de veces ratificada como cierta por la comunidad científica desde el siglo XIX a la fecha—, el dogmatismo religioso y la intemperancia de Caro lo llevaron a su rechazo.

Isaacs no se salva de los ataques personales y antisemitas de Caro. Es que, dice, “hace gala de incredulidad y de odio al clero, que a él ni a su cristiana familia ha hecho daño jamás”. Se apoya para ofenderlo en José de Maestre, frío exponente del despotismo absolutista y del crimen sistemático para defender el derecho divino de los reyes y a quien Isaías Berlín llamó uno de los pilares del fascismo moderno (En El fuste torcido de la humanidad).

Para herir en lo más profundo a Isaacs, cuyo padre fue judío, Caro llega a decir que los judíos de Curazao se han adueñado del comercio de Riohacha... “explotando a aquellos indígenas sin llevarles a cambio ningún principio de cultura social”. Cita seguidamente a un autor francés, Drumont, en su libro, Europa judía, en donde “describe con datos y pruebas irrecusables, las artes de que se valen los israelitas para apropiarse de los bienes de los cristianos, avasallar los gobiernos, inspirar mal el periodismo y desterrar a Cristo de las escuelas y demás instituciones públicas”. Por último, Caro defiende a los curas españoles que creyeron que San Bartolomé o Santo Tomás anduvieron por estas tierras con el argumento de que la fe que los impulsaba era la verdad revelada. Eso era lo único que importaba.


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