El enfoque es novedoso y está afincado en el activismo dirigido de los estudiantes por sus maestros, quienes a su vez obtienen orientación por el Ministerio. Historiadores como Jorge Orlando Melo y Mauricio Nieto han prestado su concurso a la campaña, siendo ambos científicos sociales críticos y de amplia trayectoria investigativa.
En una serie de entrevistas por TV el pasado 20 de julio me correspondió participar después de un médico historiador, quien afirmó que las condiciones de salubridad de 1810 eran deplorables, parecidas a las de hoy en día. Alcancé a aclarar que la expectativa de vida al nacer en 1810 era de 25 años: buena parte de los niños morían antes de alcanzar los 5 años, dados altos índices de desnutrición, bajas defensas frente a las epidemias de viruela, tifo y gripa, y escasa presencia de médicos en la sociedad colonial.
Renán Silva contaba que habían 5 galenos en Santa Fe para una población de 17.000 habitantes, que fuera diezmada por una epidemia de viruela en 1802. Doscientos años más tarde, la expectativa de vida al nacer es de 72 años, la vacunación está universalizada y se ha reducido drásticamente la mortalidad infantil, aunque se podría eliminar dentro de la población pobre (47% del total según la CEPAL) e indigente (20%).
Me parece que hay ciertos temas que son difíciles para los estudiantes, pero que son importantes para entender el presente. Uno de ellos es que España no nos preparó para ser autónomos porque no había pasado por una revolución democrática que la dotara de regímenes representativos y liberales que pudiera transmitirnos, como sí lo hicieron los ingleses con sus 13 colonias del norte de América.
Sin experiencia en negociaciones políticas y en la administración económica del territorio, los criollos tuvieron que inventar de la nada, y dentro de conflictos largos e intensos hasta 1910, un sistema político que respetara la oposición y se apoyara en el sufragio universal. La concentración de la riqueza y del poder político condujo a una sociedad en la que se tributaba muy poco, carente de solidaridad entre las clases, algo que comenzó a remediarse a medias en la segunda mitad del siglo XX y después de la Constitución de 1991.
El largo y conflictivo siglo XIX fue muy inestable políticamente, reflejado en 13 constituciones y 3 guerras civiles generalizadas, algo que afectó negativamente a la economía. El Producto Interno Bruto por habitante creció sólo al 0,1% anual en el siglo XIX contra 2,2% durante el XX, cuando tuvimos dos constituciones, aunque La Violencia de los años cincuenta y la insurgencia de fin de siglo retrasaron el desarrollo económico de muchas regiones del país y en algo frenaron el crecimiento de la economía. Por lo tanto, el gran atraso de Colombia se incubó en el siglo XIX; el crecimiento del siglo XX, aunque bueno, no fue espectacular, como para llevarnos al pleno empleo o eliminar la informalidad económica.
La población durante el siglo XIX tuvo un crecimiento comparativamente alto frente al resto de América Latina, explicado en lo fundamental por la colonización antioqueña hacia el occidente. Era todavía una sociedad en la que sobraba la tierra y faltaba la gente.
Recuña: visite el sitio de la Asociación Colombiana de Historia Económica,
http://www.ache.org.co