Es claro que la economía política de Colombia no permite que el grueso de la población disfrute de los bienes materiales y servicios que provee el crecimiento sostenido. Hoy en día, con el crecimiento desbarrancado, casi 60% de la fuerza de trabajo labora en condiciones de informalidad —ganando por debajo del salario mínimo, sin prestaciones sociales y si acaso con afiliación al sistema subsidiado de salud— y el desempleo abierto castiga al 12,8% de la fuerza de trabajo.
El informe del DANE sobre el crecimiento del PIB en el tercer trimestre fue bastante malo (-0,2%) y completa cuatro trimestres de contracciones sucesivas, aunque cada vez menores. Para que tengamos nulo crecimiento durante 2009, el último trimestre debería registrar un guarismo positivo de 1,5%, lo cual parece inalcanzable con las malas noticias de comercio exterior, de industria y de comercio interior.
Los sectores que salvaron a la economía de una contracción mayor durante el trimestre III fueron construcción con 13,7% de crecimiento (-14,3% de edificaciones, pero 31,2% de obras civiles) y minería con 8,8%, impulsada básicamente por petróleo crudo con 11,5% de crecimiento, pero, ojo, cayó el carbón 1,9%. Los que arrastran hacia abajo son industria -5,8%, comercio -4,0 y transporte -2,9%. El sector financiero, que venía aumentando su valor agregado, obtuvo un mediocre 1,1%.
El detalle del crecimiento de las obras civiles se desconoce, pero es observable en ciudades como Bogotá, Medellín y Cartagena con las vías para buses articulados, mientras que los reportes del Ministerio de Transporte son de atrasos considerables en las obras (las “autopistas” de Girardot, Buenaventura y Sogamoso presentan dobles calzaditas interrumpidas continuamente), entregadas a unos contratistas que se ganan nuevas “licitaciones” a pesar de incumplimientos sistemáticos que se devoran nuestros impuestos. Posiblemente en estas obras esté incluido el desarrollo de la mina El Descanso, recientemente otorgada a la Drummond de Alabama.
La mala noticia es que el crecimiento de obras es insostenible en 2010, por el deterioro de los balances fiscales de municipios y departamentos y, peor aún, porque el Gobierno Nacional está generando un déficit muy grande y teme financiarlo con pesos, de tal modo que procura no gastar; se le ocurre vender un trozo de Ecopetrol así, sin ton ni son.
Desde la contabilidad de la demanda, la inversión cae 10,7%, el sector externo neto, que equivale a restar las importaciones de las exportaciones, arroja un negativo de -2,5% que significa un deterioro de la oferta nacional (que cae 3%), mientras que el consumo aumentó 1%.
¿De 2010 qué? Más de lo mismo si no peor, en tanto continúe profundizándose el embargo venezolano y la economía norteamericana no reactive la demanda por nuestras exportaciones, algo que no se ve tan cercano. El crédito no está creciendo, a pesar de la política monetaria semilaxa (tasa interbancaria de interés real de +1,5%), pues la banca está recelosa de la capacidad de pago de sus clientes y éstos tampoco quieren arriesgarse a prestar. Pero bueno: ¡Feliz y próspero año nuevo!