Antes se decía que la recesión iba a tomar la forma de una V: la economía se despeñaba, tocaba fondo y se recuperaba con rapidez. Ahora existe un debate entre quienes sostienen que la forma de la crisis es una U —que la economía se queda un buen tiempo en el llano recesivo— y los que afirman que asumirá forma de L. Para éstos no existirán estímulos, como el extraordinario apalancamiento de crédito que causó el auge 2002-2008 y que también originó la crisis, para continuar el crecimiento hacia futuro.
La Reserva Federal ha emitido muchos dólares para financiar capital fresco de los bancos y adquirir activos tóxicos. El estímulo fiscal de Obama es muy grande y no se había sentido en el primer trimestre de 2009, así que se espera un mejor crecimiento para el resto del año. El déficit fiscal se proyecta en 13% del PIB, que es enorme y está afectando las expectativas de los agentes que lo financian (los chinos en particular).
En la América Latina la crisis no se siente con tanta fuerza, porque no hubo colapso financiero, después de que la recesión de 1998-2002 depurara los bancos y obligara a prácticas de crédito conservadoras. El endeudamiento externo es relativamente bajo y todos los países cuentan con altos niveles de reservas internacionales. Sin embargo, sí se ha contagiado la crisis por los canales del comercio exterior y de la inversión extranjera; toda la región experimentará contracción este año y posiblemente también en 2010.
En Colombia la crisis repta hacia abajo. Los mejores precios del petróleo, carbón y café han beneficiado los ingresos externos, frente a un fuerte deterioro de las exportaciones no tradicionales. Venezuela ha frenado la caída de su economía y las ventas de Colombia se mantienen, a pesar de un deterioro de 8% (con un crecimiento previo de más del 100%). Las exportaciones a Ecuador crecieron algo en el primer trimestre del año, a pesar de nuestra mala diplomacia.
Las políticas macroeconómicas de Estados Unidos han deteriorado las expectativas y causado una nueva devaluación del dólar que nos afecta muy negativamente: se reducen los ingresos de los exportadores, de los receptores de remesas y del propio Gobierno. Éste ha “aprovechado” la ocasión para endeudarse en dólares, agravando la revaluación del peso al venderlos en el mercado cambiario.
El Gobierno está concentrado en la reelección y no tiene cabeza ni voluntad para enfrentar la crisis con un plan de estímulo contundente. El llamado del Banco de la República para coordinar un plan de choque no ha sido respondido por el Gobierno. El desempleo raya 20% en Pereira e Ibagué y 16,3% en Medellín, lo que clama por medidas de inversión en obras públicas y vivienda en las regiones más afectadas. El presupuesto de 2009 se proyecta un 2% menor que el de 2008, que fue también contractivo e inconveniente. Es que parece no haber nadie en el Gobierno que tenga imaginación macroeconómica, tan necesaria para hacer política contracíclica en momentos tan críticos como el presente.
|