Por sectores el incremento estuvo concentrado en la construcción (17%), la minería (10%) y el sector financiero (6,5%). Este viene aumentando su participación en el PIB de 3,8 a 4,8% entre 2000 y 2006. El sector agropecuario creció escasamente 1,2%, resultado de una combinación letal de cambio climático y las políticas del Ministerio de Agricultura: diluvió y se protegió tanto la agricultura que los precios de los alimentos se dispararon un 20% en la canasta de los hogares más pobres.
El arroz, se nos informó, tuvo una cosecha excelente, pero se les dio a los productores financiamiento para almacenarla, al tiempo que se restringían las importaciones del cereal, de tal modo que se les quitó de la boca a los consumidores y su precio se trepó 15%. Igual sucedió con el maíz amarillo, al que se le dio una protección adicional del 25% en su arancel, lo cual ha llevado al encarecimiento del pollo y del huevo. A pesar de estas políticas basadas en la filosofía de la confianza inversionista y con tan sobradas garantías, la producción no creció mayor cosa.
Mientas la industria decreció -2,4%, el comercio aumentó 0 huevito. La construcción mantuvo su crecimiento, pero tiene dos componentes: edificaciones y obras civiles. Su evolución muestra que mientras la construcción privada obtenía unas expansiones sustanciales, las obras públicas se contrajeron durante los primeros dos trimestres del año. La enredada nueva ley de contrataciones más la incompetencia del Ministerio de Obras llevaron al colapso de obras civiles, mientras se preparaban las licitaciones de las grandes obras que prometió el Presidente en 2002. Esta tendencia se equilibró un poco durante el tercer trimestre cuando la construcción privada comenzó a ceder y se recuperaron las obras civiles.
El Gobierno atinó a insinuar que la contracción no tenía que ver con la crisis internacional, sino con la insistencia del banco central en no bajar sus tasas de interés; sin embargo, el recorte de la cuota automotriz a Venezuela en febrero había hecho caer la actividad industrial por el alto impacto multiplicador que tiene esta actividad. Pero la crisis se contagia: las exportaciones no tradicionales cayeron 5,2% en septiembre, frente al mismo mes del año anterior, cuando todavía no se sienten los estragos que está causando la caída de los precios del petróleo en las balanzas de Venezuela y Ecuador.
Lo cierto es que el Gobierno central produjo un superávit fiscal de 1,4% del PIB en el primer semestre de 2008, lo cual es contractivo para la actividad económica, exactamente en el momento más indeseado. Durante 2007 había causado un déficit de 3,4% del PIB, incentivando no sólo el crecimiento, sino también la inflación que debía combatir el Banco de la República.
Así las cosas, el Gobierno requiere reformar a fondo sus políticas, lo cual exige un recambio de su gabinete: que salgan los amigos y nombre a los técnicos que sepan de macroeconomía y de cómo organizar las obras públicas con eficacia.