Sin embargo, fueron los alimentos los que explicaron la mayor parte del alza de 0,6% que mostró el IPC, con 1,1% de incremento.
Sería bueno saber si con el índice antiguo se obtendría un resultado similar, dado que se incluyeron 20 productos nuevos en la canasta —se pasó a 423 artículos— y se tomaron muestras en 24 ciudades, cuando antes se tomaban en 13. El DANE tiene la mala costumbre de hacer cambios metodológicos que disminuyen la calidad de los análisis históricos y comparativos de las series que produce.
Con este resultado inicial, la tasa anual cayó de 7,7 en diciembre a 7,2% para enero, entrando en una senda descendente que, de continuar, va a dejar menos mal parado al Emisor por incumplir sus metas que durante los dos últimos años. En efecto, la meta del Banco de la República fue flexibilizada a un rango de 4,5 a 5,5% que se facilita obtener en medio de una caída sustancial de la demanda agregada, de la actividad económica y del empleo (418.000 empleos se perdieron en un año).
El peligro ahora es que, al igual de lo que sucede en la economía global, entremos en una senda de reducción de precios, frente a la cual se hace muy difícil reanimar una economía. Sucede que el dinero gana valor frente a los bienes y servicios, induciendo a los agentes a aferrarse al metálico y propiciando contracciones adicionales de la demanda y del producto.
Sin embargo, todavía estamos lejos de esa situación y más bien se da una pérdida de valor del peso relativa al dólar, con una devaluación del 11% desde el principio de 2009 que se puede agravar por la presencia de desequilibrios fiscales que van a ser difíciles de financiar este año, pero más aún en 2010.
No ayudan las amenazas que profiere el presidente Uribe contra una firma extranjera de cancelarle todos sus contratos en el país, si no cumple con el proyecto de construir una refinería, cuya rentabilidad no da en una época de recesión generalizada. Tales exabruptos apasionados lo acercan a mandatarios como Hugo Chávez y Evo Morales que, con o sin razón, vulneran la seguridad jurídica de todos los contratos de los que invierten en sus países, invitando a su estampida. Su intención de reelegirse indefinidamente a la brava tampoco alivia.
La devaluación tendrá efectos interesantes: resarcirá parte de las pérdidas de los exportadores, aunque será difícil que puedan aumentar el volumen físico de sus negocios, al tiempo que motivará un proceso de substitución de importaciones sin tener que recurrir al proteccionismo nacionalista que oímos gritar en todas partes y, también y de manera estridente, en el país. El proteccionismo durante las crisis induce a castigar al vecino que así también reposta contra el agresor y la cadena de comercio se agrieta; también se suspenden los flujos de capital, agravando la situación de todos, algo que se dio con fuerza durante la crisis de los años treinta del siglo pasado.
En todo caso, el Banco de la República tiene bastante despejado el camino de la reducción de su tasa de interés, pero deberá cuidarse de la devaluación del peso.