Salomon Kalmanovitz
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La recesión que no fue
28 de junio 2009 - El Espectador

 
El Gobierno se aferró a un definición técnica antigua del National Bureau of Economic Research (NBER) de Estados Unidos para afirmar que no estábamos en recesión.
Salomon Kalmanovitz
 

Y tiene razón: decrecimos menos en el primer semestre de 2009 (-0,6%) que en el último de 2008 (-0,8%) y si se comparan los dos trimestres seguidos, pues hubo una mejora de 0,2%; anualizada (multiplicada por cuatro trimestres), nos daría un crecimiento de 0,8% para todo el año, algo que es muy dudoso que se logre.

La nueva definición de cuando comienza una recesión que diseñó el NBER es más sencilla y contundente que la anterior: hay recesión cuando la economía comienza a experimentar un aumento sistemático del desempleo. Para los Estados Unidos, la recesión actual comenzó entonces en diciembre de 2007, cuando el desempleo pasó del 4,5% de la fuerza laboral al 9,4% actual.

Si utilizamos el mismo rasero para la economía colombiana, entramos en recesión en enero de 2008, cuando la tasa de desempleo (trimestre móvil) de las 13 áreas urbanas pasó de rondar el 9% durante 2007 a deteriorarse en 11,6% en 2008 y alcanzar el 13,3% en la actualidad. Esa es una realidad que palpamos cotidianamente con el aumento vertiginoso de la indigencia, la informalidad y la endémica presencia, ahora desbordada, de mendigos en buses y semáforos. Habría que explicarles a todos estos millones de personas enmiseradas que acá no hay recesión, sino que la estamos pasando regio.

Un dato del DANE, que me pareció masajeado, fue el del crecimiento de obras civiles que le dio 11,6% para el trimestre y que impidió que la cifra total no fuera mucho peor a la presentada. Lo digo porque hubo un reporte del mismo DANE del 16 de junio que apareció en Portafolio y rezaba así: “Según el DANE, la construcción de carreteras, calles, caminos y puentes disminuyó 15% en el primer trimestre del año, mientras que en vías férreas y pistas de aterrizaje el descenso fue de 49%”. Seguido, se afirmaba que las obras emprendidas por la minería del carbón habían crecido 93%, algo que se debe amainar en el futuro, porque sus precios internacionales se han deteriorado. La construcción privada daba un parte de estancamiento con un crecimiento de 0,2%, mientras que las nuevas licencias de construcción se desplomaban 30%.

No se entiende el regocijo del Gobierno cuando la industria cae 8% durante el primer trimestre y el comercio obtiene una reducción del 3%, y que el sector financiero aumente tanto sus ganancias que le “aportan” 4% al valor agregado.

Tampoco se entiende que el mayor grupo financiero del país, con las utilidades así disparadas, diga públicamente que no es justo que contribuya al impuesto de guerra y el Presidente conteste que va a proponer una ley ajustada a la medida de tales intereses, buscando nuevos ricos que sustituyan el esfuerzo de los más pudientes.

Es que no es sólo escandalosamente injusto, sino que es fiscalmente suicida no contar con los aportes de los que concentran el 70% de la riqueza del país para reparar una brecha fiscal de $24 billones, que es el déficit proyectado para 2010. El ministro de Hacienda dice, entre tanto, que sólo requiere $1 billón para la seguridad e insiste de nuevo en que el impuesto al patrimonio será temporal. ¡Qué incompetencia!

Es bueno que todos los ricos contribuyan al esfuerzo, en especial los terratenientes que van de gorrones, pero lo mínimo es que los que más tienen continúen dando igual que en el pasado.


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