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La tragedia de los comunes en la UN
18 Mayo 2008 - El Espectador

 
LA TRAGEDIA DE LOS RECURSOS COmunes denomina la tendencia de los individuos a depredar los bienes públicos. El biólogo Garrett Hardin introdujo el concepto hace más de 40 años.
 

Se trata de una situación en la que se impone el principio de “perro come perro”, frente a bienes que nos pertenecen a todos y donde los que lo usufructúan terminan atrapados en un sistema en el que “ensucian nuestro propio nido”.

Hardin cita al filósofo Whitehead para definir la tragedia: “La esencia de la tragedia no es la tristeza. Reside en la solemnidad despiadada del desarrollo de las cosas”. Y creo que un excelente ejemplo de tragedia es lo que viene sucediendo en la Universidad Nacional, donde pequeños grupos imponen estrechos intereses, para definir a la fuerza el destino de la institución. Las mayorías de profesores y estudiantes son intimidados, algunos han sido golpeados, los bienes de la universidad han sido destruidos o maltratados para bloquear las clases y las paredes ensuciadas con consignas paranoicas.

No ha sido posible que los activistas produzcan argumentos para convencer  a la comunidad de la justeza de sus posiciones. Un grupo de profesores que usufructuó la rectoría durante dos períodos, y pretendía imponer también en la UN la reelección perpetua, ha salido a cuestionar la legitimidad del gobierno universitario, incitando a que la protesta continúe por las vías de hecho. Eso significa permitir el  abuso de las mayorías estudiantiles que son indiferentes frente al cambio y atropellar a los profesores que quieren cumplir con su deber. Aducen que el estatuto estudiantil es parte del plan neoliberal de privatizar la universidad, algo que más bien oculta sus intenciones: privatizar a su favor la institución. Así alejan la posibilidad de negociar las diferencias entre el gobierno de la universidad y los que objetan rabiosamente un nuevo estatuto estudiantil.

El estatuto es bastante generoso pero a la vez despliega cierto rigor para que los estudiantes terminen sus carreras en lapsos de tiempo prudenciales. Con ello se amplía la capacidad de la Universidad para recibir un mayor número de beneficiarios. Existe el caso extremo de un estudiante que lleva 27 años en la universidad y la mayor parte de los activistas se han profesionalizado como tales, por lo cual rehúsan desalojar el nido. En otros momentos de la historia de la UN, también los servicios de cafetería y de residencia eran capturados y abusados por grupos políticos y delincuenciales para alimentar y alojar sus huestes. Hubo que liquidarlos y eso costó el cierre de la institución durante un año.

La Universidad Nacional ha logrado congregar un buen número de científicos, ingenieros, administradores, artistas y planificadores de alta calidad, que educan a la crema de los estudiantes del país, combinación que ha resultado en que ocupe los primeros lugares en los exámenes de Estado (que fueran combatidos también como otro complot neoliberal). Sin embargo, con los recursos de que dispone, podría hacer mucho más, porque presenta sobreempleo administrativo, el profesorado gobierna de hecho la universidad y algunos abusan, y hay profesores colados por la política que no por el mérito.

Para que la vieja y buena nacho no sea destruida ni disminuida por estas minorías, los profesores y estudiantes deben defenderla. De no ser así, habrá una nueva tragedia de los recursos comunes que no tiene que ser inevitable ni despiadada.


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