En Inglaterra, que venía recuperándose de la crisis global, un brutal ajuste fiscal con aumentos de impuestos y reducciones del gasto público contribuyó a que la economía se contrajera medio punto durante el último trimestre de 2010. Irlanda hizo un penoso ajuste fiscal desde 2008, asumió los costos de la crisis financiera causada por banqueros irresponsables, descuidando las necesidades de su población, y no puede salirse de la prisión del euro, que se revalúa gracias al éxito del modelo exportador alemán. Igual suerte comparten Grecia, España, Portugal y ahora Bélgica, con deudas públicas insostenibles y economías que no pueden recuperarse sin una devaluación, algo que el Banco Central Europeo no va a hacer. Mientras Alemania prospera y a Francia no le va tan mal, el resto de la comunidad europea continúa sumida en la crisis.
En Estados Unidos los republicanos lograron mantener las exenciones de impuestos para los ricos, a pesar de un déficit fiscal y aumento de la deuda pública preocupantes, al tiempo que clamaron por bajas en el gasto de obras públicas y el que compensa a los desempleados, algo que el presidente Obama logró preservar. Lograron que la administración mantuviera congelados los gastos presupuestales en infraestructuras y educación, a pesar de que en el discurso del Estado de la Unión se concentró en el atraso que estaba acumulando Estados Unidos frente a China, Corea del Sur y algunos países europeos en materia de educación básica y por el desbarajuste del sistema educativo superior por la misma crisis. El fin de las exenciones tributarias al 0,1% de la población más rica de Estados Unidos hubiera señalado la entrada a una senda de reducción del déficit fiscal y, al mismo tiempo, un financiamiento más sano del gasto público, tan requerido por el desgaste de su sistema de transporte, entre otros.
La economía norteamericana se recupera mediocremente sobre la base de una emisión monetaria importante que devalúa el dólar, una rentabilidad mayor de sus empresas que han reducido sus nóminas y también los salarios de sus empleados, con un nivel mayor de exportaciones pero insuficientes todavía, mientras que su demanda interna no se acaba de recuperar.
La única nota brillante en materia de política macroeconómica la sacó Islandia, que fue azotada por una crisis financiera contagiada desde Nueva York y Londres y que hizo que colapsara su pequeña economía. Los islandeses permitieron que el sistema financiero quebrara, salvando a los depositantes, pero no a los accionistas y dueños de los bancos y de las malas inversiones. Esta política le permitió salvaguardar su sistema de seguridad social y que el ajuste fiscal no fuera tan costoso para su población. A diferencia de Irlanda, Islandia no se había afiliado a la Unión Monetaria Europea, de tal modo que pudo devaluar su moneda y lograr un aumento sustancial de sus exportaciones y del turismo. Islandia logra así salir de la recesión con mucha rapidez.
La lección que dejan los resultados de estos eventos es que el gasto compensatorio del gobierno y las políticas monetarias laxas contribuyen a sacar a las economías de la crisis, pero en especial que se necesita de un gobierno fuerte que actúe con decisión en momentos de crisis. Y un gobierno fuerte se alimenta de impuestos a la renta; sólo ellos garantizan la sostenibilidad de la deuda pública.
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