La desigualdad entre amo y esclavo así lo permite. En la sociedad colombiana, la desigualdad de género continúa alentando la violencia contra la mujer. Es así como el director técnico de la selección nacional de fútbol sintió suficiente hombría como para arremeter a puñetazos y patadas contra su acompañante en un sitio público, lo cual es un delito y lo convierte en un peligro para la sociedad.
La Federación Colombiana de Fútbol adujo primero que era un problema privado y después se abstuvo de tomar la decisión de aceptarle su dimisión, esperando un plebiscito que perdone la violencia ejercida en estado de embriaguez. Los jugadores escogidos por el técnico firmaron una carta pía de respaldo unánime.
Sucede que la Federación es una institución privada, que administra dineros públicos, y que está plagada de problemas de corrupción pues ha albergado clubes financiados por el narcotráfico. Si mantiene el técnico en su posición, volcará su estigma sobre la imagen del país en todo el mundo, pues el escándalo fue divulgado por todos los medios internacionales. Es que el director de la selección es nuestro embajador y adonde quiera vaya demostrará que en Colombia se tolera la violencia contra la mujer.
Hay que preguntarse, ¿qué pierde Colombia si cambia un personaje que ejerce violencia contra una mujer como técnico de su selección nacional? Uno va a analizar su trayectoria y encuentra una larga lista de fracasos en el fútbol nacional y en el de Centroamérica y un solitario destello en su paso por Ecuador. Es un historial mediocre que informaría que no ha hecho méritos como para conducir la selección nacional y sin embargo ahí está. Creo que aun si fuera el mejor técnico del mundo, continuaría siendo necesario darlo de baja porque es un pésimo ejemplo para la juventud colombiana y nos llena de vergüenza frente al mundo.
¿Qué mantiene a Hernán Darío Gómez en un puesto que le debería corresponder a un técnico con méritos probados? La razón fundamental es que la Federación Colombiana de Fútbol está capturada por dirigentes que se reeligen ellos mismos, reflejo en el deporte de un sistema clientelista nacional de intercambio de favores, falta de transparencia e incompetencia sistemática que no tienen consecuencias. Los medios de comunicación deportivos se confabulan para mantener ocultas estas realidades. Se puede afirmar entonces que las mismas instituciones que frenan el desarrollo económico del país están impidiendo el progreso del deporte.
¿Y por qué se tolera tanto la violencia contra las mujeres? Una razón es que el país ha sido educado en el machismo que sustituye la racionalidad por la imposición violenta. Las ideas religiosas lo perpetúan al hacer responsable a la mujer de la provocación y del pecado. La mujer tiene la doble naturaleza de santa y pecadora, la virgen María contra María Magdalena. Para la senadora por el Partido Conservador, Liliana Rendón, domina el segundo aspecto: las mujeres son provocadoras y manipuladoras, así que se merecen las golpizas que reciben. Por lo mismo, ella se proclama esclava de su marido.
El fútbol no escapa a lo que le pasa al país. Así, el subdesarrollo se perpetúa por los siglos, resultado de la combinación de instituciones clientelistas y arbitrarias con una cultura religiosa que no atiende las razones de la razón.