Los vecinos del centro de la ciudad clamamos ante la Alcaldía que estamos secuestrados por el poco progreso observado en los trabajos de la carrera décima, la calle 26 y los frecuentes cierres de la avenida circunvalar hacia el sur. Los negocios y universidades han visto multiplicados los tiempos de transporte de su personal y estudiantes, mientras que el septimazo los viernes a partir de las 5 de la tarde presiona a que la jornada de trabajo finalice a las 3:00 p.m.
Las clases, conciertos y otros actos culturales que solían hacerse el viernes por la tarde en las universidades han tenido que ser cancelados por la nula afluencia de público que no quiere enfrentar la pesadilla en que se torna el centro a esas horas, sin ley ni orden que destrabe los embudos y los fenomenales trancones que se forman. No hay un policía a la vista que supervise las diversiones etílicas o de otro tipo en la séptima o intente desmadejar los mayores enredos alrededor de la calle 19, los dos carriles de la 26, la calle 28 (¡que la van a cerrar pronto!) o la calle 32, que son las escasas salidas con que cuenta el centro para desocuparse. Muchos negocios han migrado hacia el norte (aunque en verdad no tienen para dónde ir) y el deterioro del centro será difícil de contrarrestar. Las universidades, a su vez, deben estar contemplando que su expansión deberá hacerse en localidades distintas al centro.
Por eso nos hemos opuesto radicalmente a que se comience a construir el Transmilenio ligero de la séptima, sin esperar a reabrir los carriles cerrados durante casi tres años de obras mal adjudicadas, colapsadas por la corrupción y peor planificadas. Ahora se van a cerrar cuatro carriles que comunican el centro con el norte durante al menos 12 meses, que juran por la Virgen que cumplirán esta vez los contratistas. Es que si hoy, sin contar con esos nuevos cierres, no se puede circular por la quinta ni por la circunvalar en horas que ni siquiera son pico, ¿qué va a pasar cuando se termine de estrangular la circulación vehicular con la nueva obra, que de por sí es una mala idea?
Ya son muchas las voces que critican el Transmilenio ligero por no contar con una vía despejada de semáforos, sin rutas expresas que multipliquen la capacidad de movilización de pasajeros: se trata de una carrera demasiado estrecha para albergar los carriles de exclusivo uso del sistema. Por lo demás, la intervención llega sólo hasta la calle 72 y sigue sin carril exclusivo hasta la 100, o sea, se torna más lento todavía. Se suponía que complementaría el metro que iba a correr por debajo de la misma ruta, que ahora no se sabe si se hará o no. Las obras deben atender las necesidades de los ciudadanos y no las de los contratistas.
Hay que atacar el problema de muchas formas: un impuesto de rodamiento sustancial, que incluya a las motocicletas, que financie las obras de movilidad y desincentiven la adquisición de vehículos (con extensión a todos los municipios vecinos); autopistas con peajes, especialmente altos a la entrada a Bogotá y tren de cercanías; metro, sistema integrado, prohibición de parquear en las arterias y parqueaderos grandes alrededor de las estaciones de Transmilenio y del centro de la ciudad.
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