La decisión de montar la refinería de Ecopetrol en la zona industrial de Mamonal en los setenta del siglo pasado ha atraído a cientos de industrias químicas a la ciudad y su ampliación que toma curso garantiza el crecimiento de todo el grupo industrial, incluyendo las industrias del plástico. De hecho, mientras el país se desindustrializaba desde los ochenta, Cartagena continuaba creciendo su producción industrial especializada en química básica, sobrepasando incluso el producto industrial de Barranquilla en el año 2008. La mitad de la producción de Cartagena se exporta, pero desafortunadamente el 11% va a Venezuela.
La demanda por tierra de la industria es excesiva y la oferta es muy limitada, disparando los arriendos. La ciudad no se ha dado un plan de expansión territorial que le permita ampliar los lotes dotados de servicios públicos adecuados y, por lo tanto, introduce barreras a la futura expansión de la industria en la ciudad.
Si por el lado de la industria la tierra escasea, la disponible para vivienda es más precaria. Cartagena se ha vuelto una locación que tiene una demanda internacional de personas muy ricas que compran propiedades por el mundo en euros, dólares o rupias. Lo mismo sucede con los más pudientes del país, a quienes les gusta adquirir apartamentos en Cartagena, elevando los precios muy por encima de la capacidad de pago que tienen los habitantes regulares de la ciudad. En el centro amurallado el metro cuadrado supera los ocho millones de pesos y en El Cabrero y el norte los 5 millones de pesos.
El exceso de demanda ha conducido a la sobreexplotación de Bocagrande que no aguanta una sola construcción más, a la saturación de Manga y hacia la desordenada expansión del norte de la ciudad, a lo largo de la carretera que la comunica con Barranquilla. En todos los casos se presenta escasez en la dotación de servicios públicos y aparecen racionamientos de agua y de energía cada vez más frecuentes. El transporte, mientras tanto, está atrancado porque Transcaribe no logra superar la infinita corrupción que ha caracterizado a la ciudad y el mototaxismo se ha vuelto endémico.
Las finanzas de Cartagena son muy precarias a pesar de los tres auges mencionados y hasta el año 2007 dependía en 58% de las transferencias de la Nación, cuando Medellín o Cali no alcanzan al 30% y Bogotá está alrededor del 25%. El impuesto predial en Cartagena no refleja el auge de los precios de la propiedad ni la cantidad de nuevas construcciones, e incluso cayó nominalmente durante la administración Cure que lo cedió en concesión a fuerzas oscuras. La actual administración ha emprendido una reestructuración del recaudo y se está terminando una actualización del catastro por el IGAC que llevaba muchos años sin hacerse.
Cartagena ha sido territorio influido políticamente por el paramilitarismo y el crimen organizado. El actual Concejo de la ciudad ha saboteado las iniciativas de la administración Pinedo por limpiar las finanzas de la ciudad y acaba de negar 8 de 10 proyectos bandera de la Alcaldía. Es en esta coyuntura cuando se advierte cuánto daño puede perpetrar una estructura política corrupta al progreso material y social de toda una ciudad.
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