Aun los precios de los bienes importados crecieron 0,17% contra una caída de -0,7% en enero de 2007, o sea que la revaluación dejó de ayudar a reducir la inflación. Aunque los alimentos siguieron atizando la inflación, todos los índices sugieren que persiste un exceso de demanda, que la economía continúa recalentada y que la autoridad monetaria debe actuar en consecuencia.
La prueba madre de que la economía está gastando por encima de sus capacidades es un déficit en cuenta corriente de más de 4% del PIB, con visos de profundizarse gracias a la devaluación del dólar. Ello se corrobora con el crecimiento del 30% del crédito de consumo y con las expectativas de los hogares que, según Fedesarrollo, son seguir consumiendo a los máximos niveles registrados en toda la historia de esta encuesta.
Se evidencian excesos de consumo privado, pero también del gasto público. El déficit del gobierno central superó el 3% en 2007 y se va ampliar en 2008, cuando se hacen efectivos todos los regalos que le dio el Gobierno al sector privado: desmonte de la sobretasa del impuesto de renta del 10%, aumento del descuento por inversión en bienes de capital de 30 a 40%, deducción para el 4 por mil de las transacciones financieras y descuento total de los gastos financieros incurridos por las empresas. El exceso de gasto público vuelve a repercutir en la inflación y en aumentar la brecha de la cuenta corriente. El gerente del Banco de la República, José Darío Uribe, dijo algo que el Gobierno debiera escuchar: “la situación cuando la economía empieza a mostrar excesos de demanda se favorecería si se pudieran continuar, inclusive duplicar, los esfuerzos fiscales. De esa manera, la estabilización macroeconómica dependería un poco menos de la política monetaria y de las altas tasas de interés”.
Ante la persistencia de la inflación de alimentos, el Gobierno propuso un acuerdo de precios con los productores para que ganen menos plata, algo que obviamente disputaron los afectados. Que el problema era de costos, que de precios internacionales altos, que de salarios, pero ninguno admitió que en el fondo era de falta de competencia. En efecto, se mantienen aranceles muy altos que hacen prohibitivas las importaciones de alimentos y materias primas en ciertos mercados claves, lo cual les entrega a ganaderos y agricultores un mercado cautivo del que abusan. Con precios internacionales en un récord histórico, aranceles excesivos contribuyen a que la carestía en los alimentos XXdesbaste el ingreso de las familias y afecte la demanda por el resto de productos de la canasta.
La situación de la autoridad monetaria es compleja: la economía está recalentada, la inflación se acelera y el Gobierno no ayuda reduciendo el gasto ni aliviando la inflación de alimentos, por un lado; por otro, la recesión en Estados Unidos es un hecho y las perspectivas del mercado venezolano lucen mal, no sólo por el ánimo retaliatorio de Chávez, sino porque los desequilibrios macroeconómicos de Venezuela son mayúsculos y pueden reventar más adelante. Así las cosas, se debe sopesar si frenar un poco más el crédito y enfriar en algo la economía con otra alza del tipo de interés o esperar los efectos contraccionistas por la vía de la reducción del comercio externo del país sobre el ritmo de actividad interno.
Creo que la decisión correcta es elevar las tasas la semana entrante para dar una señal contundente de que la inflación se está saliendo de madre y debe controlarse, pero estar presto a revertir tal política cuando se comiencen a evidenciar síntomas recesivos en la economía colombiana.
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