Al mismo tiempo, nadie parece reparar en que una de las razones para mantener elevados los precios tanto de la gasolina como del diesel tiene que ver con que los productores de etanol y aceite de palma reciben precios administrados muy por encima de sus costos de producción. Hay mucha inconciencia de que es el propio Gobierno el que le mete la mano al bolsillo al ciudadano y renuncia a recursos públicos valiosos.
En efecto, el precio que reciben los palmicultores se acercó en noviembre a $9.000 el galón de aceite, mientras que en el mercado internacional se cotiza a $6.570, un sobreprecio del 40%. El aceite alcanza 5% a la mezcla de diesel pero se propone subirlo al 10% hacia el futuro cercano.
El caso del etanol es más serio. Hace dos años di a conocer en esta columna el entuerto, que fue amplificado por Camila Zuluaga de la W, ante lo cual el ministro de Minas declaró que él no sabía nada al respecto y procedió a reducir en $500 el galón de lo que recibían los ingenios. Pasados unos seis meses, el precio comenzó a subir nuevamente y desde entonces tiende a igualarse con el precio de la gasolina.
Hoy se están pagando $8.570 por el galón de etanol, mientras que el precio internacional es de $6.570, o sea un sobreprecio de 30,4%. Estos excesos los pagan millones de vehículos y va a los bolsillos de tres grandes productores de etanol. El alto precio del aceite incentiva frenéticamente las siembras de palma africana, bonanza creada artificialmente por el Gobierno. A los primeros, les representa utilidades mensuales de $15 mil millones, mientras que a los palmeros es de cerca de $8 mil millones mensuales. Estamos ante un subsidio al revés: de todos para los grandes ingenios que procesan etanol y para los palmicultores. Si se les pagara el precio justo se podría reducir el precio de la gasolina en $300 el galón y en unos $200 el del diesel.
La industria de la caña de azúcar no necesita subsidios porque es madura, eficiente y competitiva. Así lo demuestran sus 50 años exportando azúcar. En cambio, afecta la economía con un sobrecosto sustancial, que surge de la fórmula para fijar su precio. La fórmula, ideada por el Conpes y los beneficiados, consulta el precio del azúcar y la gasolina y establece un precio mínimo que garantiza la rentabilidad al productor. Sin embargo, al revisarla se descubre un par de criterios falsos para aumentar artificialmente el precio. El ministro del ramo seguramente sigue sin darse cuenta.
La fórmula supone que un quintal de azúcar equivale a 23 litros de etanol, cuando en realidad es igual a 29. Se trata de una equivalencia química incontrovertible. Se toma además como precio de referencia el azúcar refinada, como si el etanol se produjera a partir del azúcar ya procesada, lo cual es falso pues se produce a partir de los jugos de caña. Es decir, les regalan los costos de producir azúcar, y de la más cara, en los que no incurren.
No se conoce cuáles elementos entran a definir el precio del aceite de palma; lo cierto es que el transporte de carga subsidia a los palmicultores, resultando en un precio mayor del diesel que se disemina por toda la economía. Y todos seguimos subsidiando a los magnates del etanol.