Salomon Kalmanovitz
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Un año de la masacre de los 72
28 de agosto de 2011 - El Espectador

 

El 26 de agosto de 2010 se conoció del asesinato y tortura de 72 migrantes, 58 hombres y 14 mujeres, provenientes de Honduras, Guatemala, Ecuador y Brasil, por la tenebrosa banda de narcotraficantes, conocida en México como ‘Los Zetas’, en Tamaulipas.
Salomon Kalmanovitz
 

Para estos jóvenes sin cara el sueño (norte) americano todavía los ilusionaba. Pero no lo alcanzaron: cayeron en manos de esta banda que los secuestró, cobró rescate por algunos de ellos a sus atribulados y pobrísimos familiares, violó a las mujeres y les abrió la posibilidad de unirse a sus actividades; los que rehusaron, casi todos, fueron baleados y sus pocos ahorros robados. Fueron enterrados en fosas comunes y sus papeles de identidad desaparecieron.

Según Alma Guillermoprieto, “debido a su situación migratoria irregular, (los migrantes) no acuden a la autoridad y, por el contrario, se alejan de ella (…) son (entonces) fácilmente detectados por quienes quieran abusar de ellos (...) Todo lo anterior los hace sujetos potenciales de una gran cantidad de riesgos y abusos y los coloca en un estado de indefensión. Así, con frecuencia son víctimas de bandas organizadas y en muchas ocasiones de autoridades federales, locales y municipales, especialmente de las encargadas de la seguridad pública”.

El flujo de mexicanos hacia Estados Unidos ha disminuido por las mejores condiciones de empleo al sur de la frontera y por la persecución que se les monta en Nuevo México y Arizona con nuevas legislaciones atroces. Tampoco se oye de muchos colombianos atravesando El hueco, como lo describiera Germán Castro Caycedo en una de sus crónicas más reveladoras de 1989, pues prefieren España. Pero su lugar es ocupado por los campesinos, más pobres aún, de Centro América, de Ecuador y de Brasil.

En Estados Unidos los patrones aspiran a permitir la entrada de contingentes de migrantes, pues les permite presionar el mercado de trabajo; pretenden además que no les aplique el salario mínimo, que hoy es cercano a US$9 por hora. Pero los políticos se oponen porque interpelan el racismo de sus constituyentes blancos y de clase media que aducen que los migrantes consumen servicios educativos y de salud a los que no han contribuido.

Un grupo de periodistas y músicos latinoamericanos decidió ponerles cara a los asesinados, contar o imaginar y cantar las historias que estaban detrás de sus destinos frustrados. El sitio cuenta con un altar virtual donde se les encienden cirios a las víctimas y se pueden descargar las canciones alusivas a los migrantes ejecutados y torturados.

La historia de uno de los migrantes ecuatorianos asesinados (el único sobreviviente por el que se conoce la masacre también era ecuatoriano), de Alejandro Almazar, cuenta “que habías nacido en Tauri, un pueblo en la sierra de Chunchi donde más de sesenta niños se han suicidado en los últimos cinco años porque sus padres emigraron y jamás regresaron por ellos”. Había pagado $20 millones al “pollero” que lo conduciría por el desierto hasta alcanzar la tierra prometida. La situación de los migrantes es endémica y su vulnerabilidad extrema. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, presidida por Felipe González, conoció de 9.758 secuestros de migrantes hacia los Estados Unidos. Seis meses después de conocida la masacre, se encontraron otros 185 cadáveres en Tamaulipas.

La dirección del sitio es http://www.72migrantes.com/somos.php


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