ENTREVISTA DE WEBPONDO A SALOMON KALMANOVITZ
Febrero 14 de 2005
Webpondo. ¿Alguna vez pensó que llegaría a hacer parte de la Directiva de la
Autoridad Monetaria?
Salomón Kalmanovitz. Para la Constituyente de 1991 el M-19 me propuso hacer parte de su lista y rehusé porque estaba pasando por un momento difícil y no me identificaba del todo con ellos. Después fui su asesor en el congresito que se formó para cubrir el vacío jurídico que se abrió hasta que se eligiera nuevo congreso. A partir de ese momento comencé a sonar para la Junta y fue la primera vez que pensé que existía esa posibilidad, aunque seguí sin confiar mucho en que se concretara.
W.P. ¿Cómo fue usted nominado? ¿Se trató de una nominación académica, a un
economista independiente o una repre sentación de partido?
S.K. El primero en la lista del M-19 para la Junta Directiva del banco fue Carlos Ossa que sí había hecho parte de la bancada de esa agrupación en la constituyente. Cuando a él le tocó renunciar yo volví a sonar, aunque ahora la decisión la tomó el presidente y el ministro, posiblemente sin consultar con el M-19. Fue una forma bastante banal de comenzar una larga carrera de banquero central.
W.P. ¿Cual es el balance de su experiencia en estos (11.5) años en la Junta
Directiva del B.R.? ¿Académica, personal, institucionalmente?
S.K. En general se me abrió mucho la cabeza y descarté muchos prejuicios sobre el ejercicio del poder, sobre la teoría económica ortodoxa y sobre la competencia de los
técnicos del banco.
En torno al primer punto, en los centros de poder se congregan múltiples intereses lo cual le presta autonomía al que toma las decisiones, sin que eso niegue que intereses
muy fuertes terminen imponiéndose o influyendo. En el banco, en particular, tuve el privilegio de gozar de su independencia institucional, lo cual en últimas consiste en que los intereses afectados no tienen acceso directo a las decisiones de la Junta, excepto el gobierno por medio de su ministro, y que las aspiraciones del sector privado se tengan que hacer de manera transparente mediante comunicación al comité de consultas. El gobierno mismo no tiene interés de enfrentarse a la junta la mayor parte del tiempo y la labor de los técnicos que elaboran los documentos de análisis logra impedir que el ministro, que no cuenta con un equipo comparable, pueda tomar iniciativas distintas a las que surgen de las consideraciones técnicas, por lo general.
Sólo en 3 o 4 ocasiones hubo divergencias y siempre se impuso el criterio técnico. Una regla importante en ese sentido, y que Urrutia hizo cumplir estrictamente, fue que no había decisión sin documento técnico de por medio.
Académicamente había perdido la brújula ideológica de izquierda desde el inicio de los ochenta lo que fue un proceso lento pero seguro de desafiliación del marxismo. Pero aún antes de eso tenía una posición académica ecléctica en la que entendía que había que manejar adecuadamente la caja de herramientas de la economía neoclásica y de la keynesiana. Conocía bien la obra de Friedman y con Tenjo tuvimos unos seminarios en la maestría de la UN en los que leímos a los poskeynesianos y a Hyman Minsky en particular que probó ser útil en tiempo de crisis. Pero al llegar al banco me tocó empaparme de la teoría monetaria más reciente y de toda la derivación sobre ella que ha elaborado la banca central y sus multilaterales, incluyendo el manejo práctico de intervenir en los mercados monetarios y cambiario.
En el plano personal disfruté mucho de una atmósfera institucional basada en la cooperación y en las buenas condiciones económicas ofrecidas. Venía de un medio bastante conflictivo, donde las cosas se complicaban sin necesidad y las decisiones no
se podían tomar de manera fría y racional. En el equipo técnico me encontré con exestudiantes con los cuales trabajé bien e hice nuevos amigos con investigadores que me apoyaron en mis cursos.
Tenía una concepción bastante arrogante sobre lo que hacían los economistas ortodoxos, alimentada por las condiciones de encierro que se viven en la universidad
colombiana y en la izquierda. Me di cuenta acá que su manejo de la teoría económica,
de los datos, de su organización y el análisis empírico que les seguí era muy cuidadoso. Me sorprendió también que contaran con libertad académica para hacer sus análisis, pero después comprendí que eso era fundamental para que la calidad no
fuera comprometida con la obediencia.
W.P. ¿Nos podría hacer un breve recuento de lo que fueron los principales
momentos que marcaron su relación con los diferentes gobiernos?
S.K. El día que revaluamos la banda cambiaria contra la voluntad del ministro de entonces, Guillermo Perry, hubo un enfrentamiento duro, aunque Perry adujo que él solo aspiraba a tomar la medida un mes más tarde. Perry hizo una presentación en un
seminario sobre la independenc ia del banco central en el que proponía que el gobierno asumiera el control cambiario, claro que a cargo de las finanzas del BANCO DE LA REPUBLICA, lo cual liquidaba en la práctica el control monetario por la Junta. Se sabía que tenía un proyecto de ley listo, pero lo repensó y decidió archivarlo. Hubo desacuerdos y acusaciones aposteriori por parte de José Antonio Ocampo contra la Junta. Juan Camilo Restrepo nos denunció como una junta encerrada en una torre de
marfil, a espaldas del país, pero era más bie n inmune a los intereses del gobierno.
W.P ¿Cuál fue el gobierno que entendió mejor y más respetó el arreglo
institucional que la Constitución y la Ley establecieron?
S.K. Antonio Urdinola fue un ministro muy atento al análisis del equipo y apoyó las difíciles decisiones que se tomaron en agosto de 1998, cuando se propagó una crisis financiera por toda la América Latina. Entiendo que la decisión de defender la banda cambiaria fue consultada con el presidente Samper y él también apoyó las medidas de
emergencia.
W.P ¿Fueron todos los gobiernos respetuosos de la independencia del B.R.?
S.K. Por lo general, los gobiernos han sido respetuosos de la independencia de la Junta. La mayor presión ha surgido de unos pocos congresistas que quieren ver al banco emitir a favor del gobierno en vez de que ellos aprueben impuestos. El gobierno actual es el más insistente en temas de reservas y cambiarios que he experimentado. También estuvo tentado de aprobar una emergencia económica para asumir el control cambiario con el mismo objetivo que tuvo Perry, pero ahora se trató más de establecer una régimen distinto al de la flotación que le generara ganancias extraordinarias a los exportadores. La nueva cartilla del presidente es el deseo de retornar a 1967: tasa de cambio deslizante, subsidios al crédito y mayor financiamiento con emisión de su gastos.
W.P. ¿En su parecer cual fue la decisión más compleja y debatida?
S.K. La de 1998, porque era una situación de Catch 22: no importa lo que hicieras, perdías. La alternativa era soltar la banda cambiaria y apretar la política monetaria o defender la banda y fijar tasas de interés mucho más altas que en el primer caso. Con
la primera alternativa habría sobrereacción de la tasa de cambio, inflación alta, apretón a los agentes endeudados en dólares, incluyendo al gobierno, y lesiones a los depositantes del sistema financiero; si la política monetaria no era draconiana tenía que ser combinada con congelación de las cuentas bancarias, lo cual licuaría su valor.
Con la segunda opción que fue la que tomamos, se lesionarían los deudores porque subió el valor real de sus deudas con la caída abrupta de la inflación que le seguió a la contracción monetaria y a un incremento grande de las tasas de interés de las deudas fijadas a tasas variables. Lo fundamental era disminuir la liquidez lo suficiente para reducir la demanda por las reservas internacionales, porque su agotamiento significaba una maxidevaluación..
W.P: Usted era considerado un independiente en el seno de la Junta. ¿Piensa que
se debe mantener un independiente en la próxima Junta? ¿Representó usted una
vertiente política? ¿Cree que el PDI o los partidos debería seguir teniendo
representación?
S.K. Creo que nunca tomé una decisión alentada por algún tipo de partidismo. Entendí que mi compromiso era con el mandato constitucional, también con mi vocación de economista y de intelectual. Algo muy bueno de la Junta es que academiza las discusiones y se va perdiendo el origen político de sus integrantes. No me parece muy conveniente nombrar a ningún miembro de partido y menos gremial. En nuestro caso, hay que agradecer que no existan partidos disciplinados, porque si tal fuera el caso la Junta sería menos independiente: los directores no decidirían sobre los términos del análisis sino de acuerdo con la posición política de su partido. Yo sería amigo de que los miembros de la Junta fueran básicamente académicos con alguna experiencia en la banca central y que se conociera su posición ideológica, que no necesariamente partidista. De ésta manera, el gobierno podría influir sobre la orientación de la Junta sin sobre determinarla. Pero para lograr el mismo fin, el gobierno no debería tener el poder de escoger a qué dos miembros saca de la Junta. Esos dos cambios le permiten estar muy cerca de lograr mayoría, en el caso que sucede con frecuencia de que algún director se le dé por renunciar.
W.P. La Junta ha recibido principalmente ex-funcionarios, algunos exfuncionarios
y académicos y pocos académicos puros, como es su caso. ¿A
quiénes les va mejor? ¿Qué opina de “academizar” la pertenencia a la JD, como
en el caso de Inglaterra?
S.K. El perfil del director es un exviceministro o funcionario o un técnico-político que tuvo tareas agotadoras y que recibió un retiro adecuado o un refugio por no estar activo en política. Generalmente es demasiado joven para las tareas y decisiones que debe enfrentar. A mi me parece ideal que los homólogos en la academia colombiana de Ben Bernanke, vicepresidente del Banco de la Reserva Federal y profesor de la Universidad de Princeton, debían sea nombrados directores, pero también conviene que la persona no sea un académico puro y que tenga un manejo adecuado de temas de política monetaria y de sus prácticas, que además entienda la economía política de cada decisión. Un socialista utópico o un friedmaniaco serían disfuncionales a la toma de buenas decisiones.
W.P: ¿Cuál es su opinión de la producción académica de los miembros de la
Junta? Debe ser este también un criterio para juzgar a los miembros de la Junta.
S.K: Para mi éstos tres períodos que pasé en el BANCO REPUBLICA fueron una gran oportunidad para hacer trabajos sobre banca central, instituciones e historia económica. Para distraerse menos en los temas que no son del resorte de la Junta la estrategia es trabajar con los investigadores del banco. Uno pasa un buen tiempo en el aprendizaje de las tareas propias de la Junta y después puede dividir su atención en temas afines. Hay muchas demandas sociales por conferencias y seminarios que ponen buena presión sobre la producción de cada director. De él depende dejarla en PowerPoint o redactar un ensayo con un buen nivel de rigor. No es fácil hacer un balance de la obra de un miembro de un organismo colegiado, pero si puede ser parte
de un juicio público su acción más individual en el campo de los trabajos académicos o en el más inmediato de la defensa pública de las políticas del banco y de la propia institución.
W.P. ¿Qué cambios le gustaría introducir al arreglo institucional? ¿Sacaría al
Ministro? ¿Metería al Gerente Técnico a la Junta? ¿Le gustaría establecer
mecanismos de transparencia formales (publicación de actas y agendas,
votaciones etc?)?
S.K. Si actuara en un vacío político recomendaría que el ministro no estuviera en la Junta, que sus 5 miembros tuvieran períodos de 10 años, escalonados en su vencimiento para reducir la discreción del gobierno sobre su composición o que cada gobierno sólo pueda introducir un nuevo miembro sin poder sacar al que menos le simpatice. Me gustaría ver al gerente empoderado por un nombramiento por el presidente y ratificado por el Senado, mientras que los otros 5 directores podrían recibir un nombramiento por parte del ministro, lo cual dejaría en claro que el gerente no depende de la Junta para su nombramiento y que tiene un estatus superior al de la misma. Pero cualquier reforma al banco central por el congreso sería abrir una caja de Pandora que podría arrojar un esquema inferior al actual que no ha sido nada malo, para las características institucionales de Colombia. Este esquema tuvo la ventaja de hacer un cambio grande pero manteniendo la tradición centralista lo cual lo defendió de sus impugnadores que por lo general comparten una visión autoritaria,
W.P. En vista de la posible reelección, ¿cambiaría los términos y el esquema de
nominación de los miembros de la JD? ¿Cree que la reelección traerá más
inflación? Ahora que la inflación observada está cerca de la meta de largo plazo,
¿cambiaría la Ley para definir una nueva meta? ¿Debería ser asimétrica o
simétrica alrededor de una cifra? ¿O sólo un piso?
S.K. La reelección le permite al presidente nombrar a 4 de los 5 miembros de dedicación exclusiva. Si se mantiene el perfil de un académico-funcionario público de alto nivel, es posible que continúe su independenc ia frente a quien los nombró. Hay un factor de prestigio de por medio que jala en tal dirección, contra el sentimiento de agradecimiento que va en dirección contraria. Yo lo que me temo es que el presidente
continúe cambiando las reglas constitucionales que no se ajustan a sus deseos y percepciones, lo que pone en riesgo todo el esquema de división de poderes y amenaza la independencia no sólo del banco central sino también de las cortes, de la fiscalía, de la procuraduría y del mismo congreso. Podríamos encontrarnos un día con
el gobierno asumiendo la función cambiaria y emitiendo en exceso para salvar a los exportadores mientras hunde al país en la inflación alta y propicia una fuga de capital catastrófica. Es ésta perspectiva, me parece, la que en últimas ha frenado los fuertes
impulsos que caracterizan la gestión del presidente Uribe.
W.P. ¿Para muchos analistas económicos el año 2005 será un año difícil ¿UD
piensa lo mismo?
S.K. Yo creo que es posible que en 2005 y sobre todo en 2006 se produzca una destorcida de términos de intercambio y del agotamiento de los pozos de petróleo que reduzca los ingresos del gobierno (mayor déficit fiscal), lo que incidirá en una mayor devaluación, además con un entorno internacional de tasas de interés más altas (financiamiento mucho más oneroso de ese déficit). Se perdió una oportunidad de oro para reducir el gasto público y el déficit fiscal, lo que se dificultará con un cambio de la coyuntura internacional. A pesar de que en un sistema con re-elección se alarga el horizonte de decisiones de los mandatarios, en nuestro caso la búsqueda de cambiar la constitución acortó la perspectiva temporal del gobierno subvaluando demasiado el mediano plazo.
W.P. Al respecto. ¿UD daría algún mensaje a la Junta entrante?
S.K. Fuera de existir alta dependencia fiscal hay también el peligro de un gobierno republicano en Estados Unidos que no quiera hacer el ajuste fiscal y de su cuenta corriente que es necesario para garantizar la estabilidad macroeconómica de ese gran país y de todo el mundo. Yo espero que las reglas de la institución de propiciar una discusión habermasiana, basada en argumentos y datos, para tomar buenas decisiones sean respetadas por los nuevos miembros de la Junta y que no sea substituida por una negociación de intereses que puede conducir a decisiones nocivas al interés nacional.
W.P. ¿En términos de desarrollo hacia donde debería avanzar Colombia?
S.K. Creo que la constitución de 1991 fue bastante progresiva en el sentido en que se
avanzó en dividir mejor los poderes y abrir las regiones y municipios a la competencia
política. La ciudad que apropió mejor la nueva polìtica fue Bogotá que logró desclientilizar muchas decisiones, despolitizar las empresas de servicios públicos, privatizar en parte la Energia y con ello hizo una serie de grandes inversiones de buena calidad. Los ciudadanos comenzaron entonces a pagar impuestos muchos más
altos porque los entendieron como provechosos para ellos mismos y más generosamente como beneficiando a los estratos más bajos de la capital. Quisiera ver
repetir el mismo esquema a nivel nacional, en las regiones y en las localidades, lo cual
nos acercaría más al potencial de crecimiento económico que yace trabado por la política clientelista, la corrupción y la violencia de los grupos ilegales que se apropian
también de recursos públicos o que obligan a un alto gasto en seguridad.
W.P. ¿Cuáles son sus proyectos en esta nueva etapa de su vida?
S.K. Volver a la Universidad Nacional y centrarme en un proyecto de una nueva historia económica de Colombia que se comenzó a hacer en el banco para cubrir el siglo XX, de lo cual faltan algunos sectores, pero también hacer de nuevo el siglo XIX y la economía colonial con las herramientas cuantitativas y con la nueva economía institucional.
W.P. Por último, ¿hay vida después de la Junta?
S.K. Hay un choque fuerte, una combinación de depresión y de una libertad que intoxica un poco al organismo, porque queda uno viudo del poder y careciendo de todos los apoyos y comodidades que le brinda el país a un banquero central pero también puede opinar, meterse en política, establecer nuevos proyectos. Pero después encuentro que he adquirido alguna sabiduría que muchos agentes valorizan bien, que todavia recibo un trato favorable de colegas y estudiantes, también de personas que lo han idealizado a uno y que quedo mejor preparado para hacer nuevos trabajos de investigación. |